El exrector y exdiputado nacional José Luis Riccardo despachó cartas documento para exigir la renuncia de Juan Álvarez Pinto a la presidencia de la UCR provincial y solicitar a la Convención Partidaria que declare la acefalía inmediata del comité.
El argumento de Riccardo se apoya en el artículo 138 de la Carta Orgánica: nadie puede ser gobernador, intendente o ministro y, en simultáneo, presidir el Comité Ejecutivo Provincial. Esta posible incompatibilidad tiene origen en el momento en que Álvarez Pinto asumió la intendencia de Villa de Merlo y se consolida ahora que todavía ejerce el cargo de ministro de Turismo y Cultura de la Provincia.
Bajo esa premisa, Riccardo advirtió que cualquier resolución firmada por la actual conducción es nula.
El planteo resucita un conflicto que el oficialismo partidario daba por clausurado. En 2025, el espacio Identidad Radical había reclamado lo mismo, pero el debate no había pasado de las declaraciones públicas.
Ahora, con el traslado de la disputa al plano institucional, Álvarez Pinto lanzó una réplica: rechazó la ofensiva, calificó la intimación de “improcedente” y se escudó en un tecnicismo: la elección interna se realizó sin impugnaciones y la Justicia Electoral reconoció la conformación de las autoridades.
La paradoja
Pero San Luis vive un escenario de volatilidad. El planteo de Riccardo llega justo cuando el gobernador Claudio Poggi decide sobre la renuncia de todos sus funcionarios.
El Gobierno atraviesa un proceso de poda del Estado —que ya incluyó la eliminación y desplazamiento de toda la estructura del Ministerio de Ciencia e Innovación y la Secretaría de Ambiente— por lo que la continuidad de Álvarez Pinto en Turismo y Cultura está bajo evaluación.
Si Poggi decide eyectarlo del Ejecutivo, el ultimátum de Riccardo podría quedar en el vacío. En cambio, si el Gobernador lo ratifica, la presión interna se volverá más fuerte: conservar el ministerio equivaldrá a violar la ley fundamental de su propio partido a la vista de todos los afiliados.
Mientras el ajedrez político se juega en los despachos de la capital, en Villa de Merlo el eco es distinto. El malestar social se acumula frente a una administración municipal que muchos vecinos perciben deteriorada desde que el intendente delegó el mando para saltar a la escena provincial.


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